Es
claro que el quehacer filosófico de hoy es muy distinto al que tuvieron los filósofos a lo largo del
tiempo. En los comienzos de la actividad filosófica en Grecia, el filósofo era el
hombre que se encargaba del
saber, de
todo el saber. En esos tiempos el hombre, tal vez gracias a las matemáticas, se encontró
con una herramienta muy poderosa: la razón especulativa. Hay que destacar, en sus comienzos, la unión de la filosofía con las matemáticas, es más, la filosofía sin las matemáticas -especialmente la geometría-, no se hubiera desarrollado
como lo hizo, la filosofía occidental como la conocemos no habría existido sin la geometría. Con la geometría el griego se dio cuenta que a partir de ciertos principios llamados axiomas, era posible deducir otros elementos de la geometría, es más, lo que descubrió
y le produjo una especie de fascinación, fue que con sólo el
auxilio de la razón especulativa, podía
desarrollar todo el saber acerca de la geometría. Lo único que necesitaba para ello era
encontrar unos principios básicos incuestionables, que llamaba axiomas, de los que se pudiera deducir todo lo demás. Así nacieron los teoremas, que consistían en principios de orden superior y determinados a los axiomas. Razonando se iba construyendo el
edificio de las matemáticas. Claro, como ocurre hoy que cada vez que se hace un
descubrimiento importante, se tiende luego a explicarlo todo a partir de ese descubrimiento, en Grecia los griegos creyeron que la razón podía revelar y
construir todo el saber del hombre. Existía la experimentación, pero la construcción del saber en esos días dependía mucho más en la
fuerza del pensamiento. Sólo se necesitaba encontrar las causas primeras de las que todo lo demás pudiera deducirse. Así, filosofar consistía en deducir e inferir a partir de unos principios básicos. Como sólo se contaba con la razón, era necesario encontrar esos principios básicos, pues sin ellos no se podía construir el saber. Encontramos influencias de esta forma de actuar en Espinosa, con su ética desarrollada en la modalidad de la geometría, y en Descartes buscando el principio básico indudable
sobre el qué filosofar. Descartes tuvo la famosa intuición del “pienso luego existo”. Claro, al menos desde mi punto de
vista, su filosofía no tuvo mucho valor, esa forma de operar no era la correcta. Sin embargo, agotó un camino equivocado,
por lo que creó las condiciones como para que el hombre siguiera otros caminos.
No podemos criticar a los
antiguos por emplear métodos equivocados, pues ellos actuaban en función del saber de su época. No tenían otros
medios. Bueno, un elemento a destacar lo constituye el nacimiento de las distintas ciencias, que fueron especializando las formas de adquisición del
conocimiento. Así, poco a poco como enseñan todos los manuales de filosofía, la filosofía fue cediendo porciones de su saber a las distintas ciencias que iban naciendo. Las ciencias progresaron a partir del llamado método científico, y su
historia es conocida. Pero un elemento esencial a
tener en cuenta es lo que fue ocurriendo con la creencia en la razón especulativa para producir conocimiento. Lo que fue ocurriendo fue la pérdida progresiva de
confianza en la pura razón para
obtener conocimiento.
Este factor de pérdida de confianza en la razón especulativa, le dio el golpe de
muerte a la filosofía. La filosofía se ha quedado sin objeto y sin método. Hoy nadie cree que un pensador encerrado en su gabinete de
estudio, pueda producir conocimiento fiable acerca de la realidad.
Claro, pretendiendo salvar la labor del filósofo, se le ha ido concediéndo algunas opciones, por ejemplo, se dice que la labor del filósofo es la de integrar en un todo coherente el saber de las distintas ciencias. Mentira, un filósofo no puede
hacer eso. El dominio del saber acerca de la realidad se encuentra completamente distribuido entre las distintas ciencias, y
cuando se necesita integrar elementos de dominios diferentes, simplemente se crea una
nueva ciencia cuyo objeto defina el
nuevo dominio.
Pero esto ocurre por la sencilla razón de que ya nadie cree en el poder de la razón especulativa para la obtención de conocimiento. La filosofía así como era antes no puede ser más, la pura razón no puede producir conocimiento acerca de la realidad.
Sin embargo, la ciencia no puede guiarnos en
materia de qué hacer, en materia de valores. Voy a poner un ejemplo, la
arquitectura constituye una disciplina fuertemente fundamentada en la ciencia, pero también en elementos que no son científicos como la estética. Un
arquitecto al construir una vivienda desarrolla una idea. Eso es algo que la ciencia no puede hacer. La ciencia puede
dar el fundamento acerca de
materiales, procesos, estructuras, etc., que le permitirán al ingeniero
crear un puente, pero la idea del puente no se la da, el ingeniero debe desarrollar la idea. La sociología y la politología, proporcionan un saber muy importante a los cientistas
sociales, sin embargo, el
actor social, el político, necesita de ideas a implementar.
Cada
proyecto constituye el
desarrollo de una idea, más o menos consciente, pero en definitiva una idea. La ciencia no produce ideas, el hombre produce las ideas para vivir y actuar. Bueno, muchas ideas son desarrolladas en el
campo de las distintas ciencias, pero los
proyectos son desarrollados por los
hombres.
El filósofo no es tanto el que produce saber de objeto, el filósofo es el que trabaja sobre ciertas ideas fundamentales para el desarrollo de los proyectos humanos. Los grandes debates que mueven el accionar de los hombres, constituyen problemas filosóficos. Claro, muchos de los grandes problemas no los resuelven los filósofos, sino hombres de ciencia o grandes
actores sociales, sin embargo, cuando trabajan sobre esas ideas, cumplen la función de filósofos.
El quehacer filosófico hoy, consiste en el
trabajo sobre las grandes ideas necesarias para el funcionamiento de las grandes
comunidades. Se ha dicho que las ideologías han muerto y que
reina la ciencia, han muerto las ideologías que han fracasado rotundamente, pero no pueden morir las ideologías, ya que constituyen los proyectos sociales de los hombres. Así como el arquitecto necesita su idea a desarrollar, en el plano social es necesario tener proyectos, proyectos que
emergen de las ideologías. Las ideologías no constituyen un saber como el científico, constituyen programas de acción: ideas. Sin ideas el hombre no podría vivir, no podría actuar.
Este es uno de los motivos por los cuales hoy se emplea indistintamente el calificativo de pensador o filósofo para quienes trabajan en la creación y desarrollo de este tipo de ideas.
¿Qué hacer? no lo puede responder la ciencia, sólo el hombre puede hacerlo... por
ahora. Tal vez algún día pueda construirse una máquina que pueda pensar por sí sola, que pueda producir ideas. Porque: pensar es construir
representaciones